El Mundialito del Porvenir en cuarentena [CRÓNICA]

Escribe: Marcos Cancho

“El Mundialito es bravo, corre harto golpe. Aquí no hay mariconadas”, me dijo Julio Loza, miembro del equipo “Los Cachorros”, mientras inflaba uno de los balones que se usaron en la edición número 69 del campeonato.

Julito me sigue contando cómo nació el torneo de barrio más famoso de Latinoamérica. “Fue en los 50, cholo. Le hicimos el cagadón a Odría, el presidente que prohibió jugar fútbol en las calles. El día completo jugaron. Un equipo con jugadores calatos y el otro, con chompa. Para diferenciar, pues”; se ríe, aplaudiendo con fuerza. “Esto es tradición. La gente viene acá a vacilarse, a pasarla bien. Conozco familias que vienen desde la mañanita y se van en la noche”; se toma la barbilla, que tiene una pequeña cicatriz ya casi invisible. “Imagínate que un año no se haga el Mundialito… Uy, se muere la Panchita, ella que vende harto anticucho ese día. O sino El Bembón se muere, ese negro juega todos los años”; se calla, solo un momento. Baraja posibilidades, como cuando está en la cancha, decidiendo a quién dirigir el pase. “No, cholo, no. Nunca se va a dejar de jugar. Estoy seguro”; se va, tiene que reunirse con su equipo.


Foto: Archivo Histórico El Comercio

Un año después, el destino nos comete falta en el área chica. La pandemia del nuevo coronavirus obliga a que el campeonato no se realice. Debido al Estado de Emergencia, el Mundialito del Porvenir cumplirá 70 años en silencio. El torneo es un claro foco infeccioso, por lo que el gol tendrá que esperar.

Atrás quedó la edición número 30 del torneo, donde se inscribieron 800 equipos, confirmando así el éxito del campeonato. Atrás quedó la vez en que estrellas de nuestro balompié, como el “Cholo” Sotil, Julio Baylón y Teófilo Cubillas, vistieron la camiseta del recordado “Laboratorio Drowa”, en el torneo del 66. Atrás quedo la fiesta popular del 1 de mayo.

Hoy, por la mañana, me volví a comunicar con Julito. Fue una conversación telefónica de 5 minutos, como suelen ser las mejores. “Viejo, nos cagaron. No se hará el torneo. Y justo yo diciéndote que era imposible que parara”; se entrecorta la llamada. “Estamos asados en el barrio, pero así es la vida. La salud es primero”; afirmo, anoto, reflexiono. “Igual, el siguiente año sí o sí se hace, acuérdate”; lo escucho, no digo palabra. Silencio de ambas partes. Se escarapela el cuerpo de Julio, como antes de patear un penal. “Pero, viejo…”; tose. “Imagínate que un año más no se haga el Mundialito…”

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