Día del campesino: El poeta anónimo de la pala

Por: Marcos Cancho

Cuando el país aún duerme, yo ya estoy de pie. A mí me despierta el cantar de las aves, el rumor del pastizal, los poemas que recita la tierra. A mí me alientan las montañas, me acaricia el viento, me educa el trabajo. Mis secretos son conocidos por los árboles y por el gigante caluroso, ese que a veces castiga sin razón.

Yo soy hijo de la tierra, por eso heredé los surcos de la chacra en mi frente. Soy partero del campo, veo nacer su descendencia. La limpio, la agrupo, la cuido. Mis manos partidas conocen de trabajo. Las historias que los poetas cuentan con su lápiz, yo las cuento con mi pala. Y quedan igual de buenas, créanme.

Revisen mi hogar. No tengo diplomas ni doctorados, pero tengo hectáreas. Me debo a esto, vivo de esto. No soy feligrés de la prisa de la ciudad, soy devoto de la quietud del campo. No solo pertenezco a la tierra; formo parte de ella. No creas que trabajo para mí; trabajo para todos. Trabajo para las familias. Soy el motor de desarrollo del país.

Mi cariño está en sus mesas. Tienen en ellas el fruto de mi sudor, de mi linaje, de mi madre tierra. Trabajo para ustedes y no lo saben. Soy el poeta anónimo de la pala, no me busquen en poemas, búsquenme en la riqueza del campo, ahí me encontrarán.

Fotografía: Nilton Amache

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