“Dejad que los niños vengan a mí” [OPINIÓN]

Escapamos de la base, ignorando que la amenaza está afuera, no adentro. Ahora nos contamos por docena. Nos aglomeramos. Formamos tribus y vamos de un lado a otro. El bicho está barato, lo indica la demanda. El virus no sabe hablar, pero parece que dijera -como Jesús- “dejad que los niños vengan a mí”. Y los niños -inocentes, inmaduros, ingenuos- van por él.

Escrito por Marcos Cancho

La situación es complicada, lo sé. Comprendo que se trabaja por necesidad, que las personas que salen a las calles necesitan hacerlo para subsistir. Lo que no entiendo es por qué la vendedora de comida se saca la mascarilla al hablar con alguien, por qué no se respeta el metro y medio de distancia en las colas para tomar el bus, por qué las combis van repletas a pesar de la disposición… Se puede trabajar tomando precauciones. ¿Esperamos que el Estado ponga fiscalizadores para velar por el orden? Si la respuesta es afirmativa, ¿es justo que alguien se contagie por la irresponsabilidad de otros? La dejo picando.

Fotos: La República

En la otra acera están quienes forman largas colas para ingresar a los centros comerciales. Van por ropa (ignoran que, aunque el infectado se vista de seda, infectado se queda), por cerveza y hasta por televisores (en un plasma de 60” debe verse simpática la estadística de muertos por coronavirus, ¿no?)

Nuestra casa es guarida, no cárcel. Peligramos fuera de ella, pero preferimos ignorarlo. Nos aferramos a que todo es como antes, sin temores, sin COVID-19 que mate. Ayer me invitaron a dos reuniones para este fin de semana. “Será algo tranquilo, iremos con mascarilla”, me dijeron. “No se van a enterar los policías porque no habrá música”, agregaron. Les respondí que gracias, pero que no. Ojalá esa reunión “inocente” no tenga consecuencias. No lo digo solo por los que asistirán, sino por Lima en general. Así es una pandemia: el primer contagio se puede dar en Los Olivos y el último en Breña, dos semanas después. El alcance es masivo.

Que junio aguarde al Perú, que aún no nos libramos de esta. Falta mucho para poder cantar “Somos libres” a viva voz.

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