La noche en que sí se pudo [CRÓNICA]

La noche en que Perú fue al Mundial, el peruano se sintió más peruano. La noche del 15 de noviembre del 2017, no solo competimos con Nueva Zelanda, también competimos con la historia, esa villana de camiseta negra que por 36 años nos venció por goleada.

Escribe: Marcos Cancho

La noche anterior, el hincha peruano no durmió, pero soñó. Era válido creer… siempre lo fue. Desde la previa se sentía el aliento. Un efervescente mar peruano acompañó el bus de su Selección, los 20 minutos que le tomó llegar al Estadio Nacional. El tradicional “¡sí se puede!” hacía eco en la calle José Díaz. Esa noche, la esperanza vistió camiseta blanquirroja.

Las sagradas notas del Himno Nacional se oyeron en el Perú entero. Con la derecha en el corazón, como la ocasión lo exigía. En el estadio, no usar camiseta era considerado traición a la patria. Los latidos peruanos seguían el ritmo del bombo tribunero, el instrumento que nació con los hinchas. ¡Pum, pum, pum! Las gradas temblaban, las banderas flameaban. ¡Bum, bum, bum! El momento se acercaba. ¡Pum, bum, pum, bum! Esa noche, en la número 12 se unió la Costa, la Sierra y la Selva. Cholos, blancos, negros, cobrizos… todos fuimos hermanos, como pocas veces ocurre.

El pitazo de Clément Turpin agudizó nuestros sentidos: más oído para escuchar si pitaban en nuestra contra y más olfato para reconocer las jugadas que se convertirían en ocasiones de gol. Así transcurrieron los minutos, danzando entre la vida y la muerte. Era todo o nada, y conocíamos mucho del “nada”, pero poquísimo del “todo”. El reloj marcaba los 28 minutos cuando Jefferson Farfán inició la jarana. Con la pierna derecha disparó el fusil, hasta estampar el balón en la red neozelandesa. El estadio explotó. Las tribunas emitieron un calor humano impresionante. Todos saltaban abrazados. Todos festejaban. En el campo, la “Foca” celebró con la 9 de Paolo Guerrero en sus manos. Si alguien creía que el capitán estaría ausente en el duelo crucial, se equivocó. Guerrero fue un invitado de honor. La celebración fue tan fuerte que el Instituto Geofísico del Perú registró un microsismo de un grado en la escala de Richter. La tierra tembló con nosotros. La Pachamama se unió al festejo.

Se descartaron minutos y, en el momento en que más nos atacaban, Christian Ramos apareció. El defensor nacional anotó a los 65’ tras un mal despeje del rival. Se alargaba la ventaja, se afianzaba el resultado. La “Sombra” celebraba imitando a Spiderman, el super héroe favorito de su hijo. Todos los jugadores fueron por él, ese gol otorgaba tranquilidad. En el banquillo, “El Tigre” Gareca celebró mirando al cielo. En las tribunas, el hincha lloraba, tomando entre sus manos la piel blanquirroja. Nunca antes la franja de la camiseta había apuntado tan alto. Nos reconciliamos con nuestros santos. Soltamos el grito de desahogo que por 36 años se coció en nuestras gargantas. Los minutos pasaron, con cánticos en las tribunas. Hasta que Clément pitó, por fin. Se armó el jolgorio. El Perú entero se vistió de fiesta. Esa noche fue peruana en cualquier país del mundo. Las calles eran un loquerío, perdimos los cabales. Mandamos al carajo la corrupción y la delincuencia, esa noche olvidamos todo.

A la mañana siguiente, seguíamos usando nuestras camisetas. Siete días después, igual. No había nada que hacer, se había arraigado a nuestra piel, ahora formaba parte de ella. Lucíamos la blanquirroja como el soldado que regresa de la guerra luce sus cicatrices, recordando lo que le costó cada una. Veíamos a los convocados al proceso clasificatorio y nos veíamos a nosotros mismos: luchadores, corajudos, incansables. “Naranjito” pasó a mejor vida; “Zabivaka” se convirtió en el nuevo engreído. Pasarán años, pero nadie olvidará esa noche del 15 de noviembre del 2017. La noche en que Perú regresó al Mundial, se reconcilió con la historia. Un poco tarde, claro que sí, pero el tiempo fue necesario para entender que podemos ser protagonistas si nos lo proponemos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *